¿QUIEN PUEDE VIVIR EN ESTA CASA? Edición 2008
El 18 de octubre de 2008 se abrieron por primera vez las puertas de la casa, inaugurando la primera edición de Quién puede vivir en esta casa?, que convocó a trece artistas a tomar el espacio de manera simultánea, intervenirlo y convertirlo en hogar temporario. Algunos se mudaron a la casa hasta terminar su obra. Otros llegaron con el proyecto pensado y se pusieron manos a la obra. A la convivencia y circulación de los artistas en el barrio, rápidamente se le sumó la espontánea participación de los vecinos. Todos respetaron la consigna inicial: que la casa siga funcionando como tal. Con un espacio designado, produjeron la obra que surgía del lugar o que éste le sugería, como en una respuesta al espacio habitado.
Daniel Giannone y Leo Chiachio hicieron -como en una mise en abîme- una casa dentro de una casa: una cucha para Piolín, su perro salchicha. Con la estética de un santuario pop para el perro que, como un adolescente rebelde, se va a vivir solo, se apropia de los espacios y graffitea su hábitat. Fieles a su línea de trabajo -ellos trasladan su oficio de pintores al bordado, a las instalaciones y a otras técnicas-, respondieron a la pregunta que plantea este proyecto con un contundente “nuestro perro Piolín puede vivir en esta casa”. Y lo resituaron en esta cucha de madera que consiguieron en el barrio de San Fernando (dicen que en capital solo se venden cuchas de fibra de vidrio).
Julia Elena Zavalía, adornó las paredes del baño con autorretratos en acrílico y carbonilla; " Y cuando estás solo, aparecen".Diálogos, monólogos, Julia, Elena...
Internas de una terapia de pareja, una sensible incomodidad y su reflejo en la intimidad de su casa.
Melanie Mahler hace tiempo que investiga los barrios contaminados y la dicotomía entre los hombres que viven en la ciudad y los pájaros que viven en su propia ciudad, la naturaleza, y en sus propias casas, los nidos. Melanie tomó una pared exterior que da al patio, apropiándose desde el afuera hacia el adentro, y escondió casas de pájaros tridimensionales combinadas con fotos reales de nidos y las dispuso como si se encontraran en su hábitat natural. La obra invita al observador a descubrir el interior de las casas. El recorrido que plantean estos nidos de pájaros conducen a las casas de la ciudad, obturadas, cerradas, contaminadas por textos y chimeneas humeantes y dispuestas alrededor de un relato. En este relato, las letras están invertidas y obligan al espectador a leer la historia de una manera no lineal.
Laura Cogo hizo una sala de espera imposible, con sillas de tul y un falso reloj de luces, captando en los materiales algo de la espesura e (in)materialidad de la espera.
Camila do Valle decidió ocuparse de armar la biblioteca y de sugerir títulos y autores que no pueden faltar en ninguna casa. Para ello, organizó e inauguró la biblioteca orgánica con obras de poetas y escritores brasileños, catalogados y dispuestos con criterio bibliotecológico. Incluyó los títulos de la editorial Eloísa cartonera que inspiraron a los chicos del barrio a armar sus propias colecciones que ya se han sumado al catálogo de la biblioteca orgánica.
Agustina Núñez intervino ambos lados de la pared del frente con un mural que hace visible tanto hacia adentro como hacia afuera el proyecto de arte. Su obra se adapta a la arquitectura de la casa, al formato –angosto y alargado- y al color de la pared.
Natalia Lamorte intervino zapatos y los desplegó, como huellas de pisadas, por la cocina. Zapatos desperdigados que nos recuerdan el –inevitable- desorden de las casas.
A Alejandro Montaldo y Germán Rudnisky se les asignó el ex - taller de cerámica. Su propuesta artística consistió en retrazar a través de objetos que encontraron allí el pasado arqueológico de un supuesto científico que habría habitado la casa. Intervinieron objetos (un velocípedo, un traje, una lámpara, planos y caños), les agregaron luz, sonido y olores, y los ubicaron nuevamente en su lugar de origen con el objetivo de ir develando la trama de supuestos descubrimientos científicos y revolucionarios.
Valeria Conte Mc Donell hizo un kit para armar una huerta urbana que consta de un cuento para niños en el que se explican las relaciones entre las verduras, un plano explicativo y semillas para que cada uno pueda plantar y hacer germinar su propia huerta… Porque en una casa también hay que comer…
Gabriela Francone presentó y donó dos videos (uno de ellos premio del salón nacional) que se transmitieron en la tv de la casa durante toda la muestra.
Catherine Fulop interpretó a una cocinera y agasajó a todos los comensales con un banquete venezolano: arepas, cachapa, carne mechada…
De la inauguración del Abriendo Puertas – Open House participaron los artistas, los vecinos del barrio, todos acompañados por sus familias, y la prensa, en un día completo y en un clima festivo. Y muchos artistas locales y de otras zonas del país, se acercaron con nuevas propuestas, ofrendas y regalos: mates, plantas y el chocolatero Claudio Bar llevó fotograbados sobre una placa de chocolate que todos disfrutaron. Arte efímero. El santiagueño, propietario del negocio de compra venta de muebles del barrio se puso a disposición de los artistas para amoblar la casa completa y prestó sillones de terciopelo rojo, cómodas, lámparas, adornos, la mesa del comedor con doce sillas. Desde su inauguración, la casa recibe Mail art como parte de su correo y la biblioteca ha recibido donaciones de la Fundación Centro de Estudos Brasileiros, de la Embajada de Brasil, de la Fundación Itaú Cultural, de la Galería de Colombia “Sextantes”, de artistas y galeristas. A partir de la repercusión del Abriendo Puertas – Open House de 2008, y gracias al aporte de la Fundación “Arte con voz”, en la casa funciona el taller “Pequeños aprendices".
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